Martes, 05 Septiembre 2017 19:56

"Debemos limpiar el monocultivo mental de la gente"


El derecho a la alimentación es un derecho humano básico reconocido por la legislación internacional. Alimentarnos es un derecho a la condición humana. Todas y todos tenemos derecho a tener un bienestar derivado de esta condición digna de alimentación.

Históricamente parte de la población mundial ha tenido que sufrir la carencia de alimentos, situación que no se ha podido superar aun como grupo humano. Sin embargo, la declaración universal de los derecho humanos de 1948 introdujo el derecho de las personas a un nivel de vida adecuado que le permita a sí misma como a su familia vivir dignamente y acceder principalmente a la alimentación.

Según la Encuesta de Hogares del 2015, de cada 10 paraguayos, 2 personas se encuentran en situación de pobreza, con ingresos inferior al costo de la canasta básica de alimentos. Es decir, 2 de cada 10 personas no tienen alimentos suficientes y pasan hambre. No existen garantías de que la población de Paraguay esté alimentada en su totalidad.

Sobre el tema, la ingeniera agrónoma y socia fiduciaria del movimiento Slow Food Paraguay Soledad Martínez* se pregunta: ¿Cómo se relaciona esta situación de hambre, desnutrición, en un país donde somos más de 6 millones de habitantes, donde tenemos las condiciones climáticas, de suelo y biológicas que nos permiten producir abundantemente?

Señala que la situación de la agricultura en nuestro país es la expresión de una gran desigualdad y de una gran injusticia social. El desarrollo de la agricultura se da a expensas del acaparamiento de tierras por parte de las empresas agroexportadoras que van avanzando sobre los territorios campesinos e indígenas.

“Tenemos una gran concentración de tierras en Paraguay y esto representa uno de los riesgos más altos para que las personas puedan ejercer efectivamente su derecho a la alimentación. Esta concentración es tan extrema que el 80% de la tierra agrícola está en manos del 1,6% de los propietarios. En contrapartida, el 84% de las pequeñas fincas agropecuarias, 289  mil de acuerdo al último censo del 2008, son menores a 20 hectáreas y ocupan solo el 4,3% de estos suelos agrícolas” 

“Por un lado tenemos grandes desiertos verdes de soja que se expanden y por el otro, existe el modelo de la agricultura familiar campesina a pequeña escala que reproducen un sistema ancestral que nos viene de los pueblos indígenas y que también han desarrollado un sistema propio en términos de lo que ha sido la evolución agrícola de la pequeña agricultura campesina”.

De acuerdo a la experta, uno de los graves problemas de la agricultura empresarial es que utiliza enormes cantidades de agroquímicos que van incorporando a sus procesos productivos, pulverizando de manera masiva para el tratamiento de plagas y enfermedades de las plantas. A ello se suma la utilización de un sistema extensivo e intensivo de cultivo que utiliza la misma superficie de tierra para alternar cultivos de soja tras soja, o maíz.

“Se calcula que por cada ciclo de cultivo de soja se usa alrededor de 30 millones de litros de agroquímicos. Actualmente se incorpora hasta 3 ciclos de soja por año. Es un sistema extremadamente extractivo que va contaminando todos los medios de vida, particularmente a las poblaciones indígenas y las poblaciones campesinas que han tenido su territorio durante mucho tiempo”

Otra de las características de la agricultura empresarial que comenta, es la producción de grandes cantidades de granos que no se destinan para el consumo humano, sino más bien a la alimentación de animales de otros países y además se están realizando extensos cultivos de maíz y otros granos empleados para la fabricación de biocombustibles. “Es una gran producción y una gran inversión de recursos naturales y financieros pero sobre todo, es el avasallamiento de los derechos de la gente para producir elementos que no van a ser destinados a la alimentación”

Las premisas de la agricultura de la revolución verde que nació en los años 50’ donde decían que se debía innovar en las prácticas agrícolas para asegurar que la alimentación llegue a todas las personas y combatir el hambre, no se cumplieron.  El paquete tecnológico que incluye semillas híbridas, mecanización intensiva, uso de grandes cantidades de agroquímicos; esto nunca ha contribuido verdaderamente a alimentar a la gente. Por el contrario, ha formado solamente parte de un sistema de concentración de riquezas y concentración de recursos para las grandes empresas.

“La gran paradoja de la agricultura empresarial es que gasta insumos y destruye recursos naturales para producir granos suficientes, con la capacidad como para alimentar alrededor de 50 millones de personas y sin embargo, en Paraguay entre 700 mil y 1 millón de personas pasan hambre. El diseño de este tipo de agricultura no está pensado en función de las personas, sino está pensado en función a mercancías que se venden para generar ingresos; son commodities. Paraguay tiene la capacidad para producir tanta cantidad de alimentos que ninguna persona en su territorio debería pasar hambre. La política agrícola no se ocupa de eso, se preocupa de generar condiciones que beneficien a una pequeña elite de empresarios agrícolas y esa riqueza que genera para ellos no se distribuye. Nuestra política de desarrollo económico apuesta a intervenir en los ciclos productivos para el beneficio de un pequeño grupo de personas”

La otra cara de esta situación es la pequeña agricultura familiar que produce casi el 40% de todos los alimentos que consumimos. Los territorios campesinos tradicionales son San Pedro, Caaguazú, Caazapá, que hoy en día están siendo invadidos por soja. “En Caaguazú, zona donde estamos trabajando con Decidamos y varios comités de agricultores en Repatriación, estamos intentando fortalecer la agroecología porque las empresas están empujando a los productores, insertándose y expandiéndose dentro de los núcleos campesinos”

Martínez indica que la única respuesta a esta situación es que los campesinos fortalezcan sus organizaciones, ya que los productores de forma aislada no pueden resistir esta situación. Una parte muy importante de este proceso es la de fortalecer el tejido social, de crear las condiciones para que las personas en la ciudad y en el campo nos acostumbremos a pensar y actuar de manera colectiva.

“Tenemos que ser las voces de los campesinos en la ciudad. Debemos ir aumentado el número de personas conscientes de la realidad de los campesinos. La gente no entiende lo que significa tener alimentos en la mesa. No entiende lo que implica todo el proceso productivo”.

Una de las grandes dificultades que tiene la agricultura familiar campesina para su desarrollo es la falta de políticas públicas, ya que no existe apoyo estatal. En este sentido es importante formar conciencia para exigir que haya políticas públicas, y que las leyes sean funcionales.  En todos los países la agricultura está subsidiada pero la agricultura empresarial es la que recibe una mayor subvención. “En Paraguay solo la agricultura empresarial recibe subsidios para el combustible, la importación de productos químicos y otros; y además pagan muy pocos impuestos, situación que genera una gran desigualdad (un productor de lechuga paga 5% de IVA y un gran productor de soja también paga 5% de IVA)”.

Nos recuerda que si bien el uso de productos químicos en la agricultura campesina es todavía un hecho, esta situación tuvo su origen en un proceso iniciado en los 60’, cuando el gobierno comenzó a promover el cultivo de algodón con base en productos químicos para garantizar cierta productividad. Es ahí cuando se introduce el modelo químico en la producción de la agricultura campesina, que fue  evolucionando hasta llegar al uso de la soja transgénica, que motiva a la utilización cada vez mayor de glifosato o “mata todo” como es conocido.

“El glifosato se metió en la estructura de la producción campesina y con ello se dieron varios fenómenos como la migración de jóvenes, quedando solos los agricultores mayores al cuidado de los cultivos. En esa desesperación, ellos utilizan “mata todo” porque ven como una solución. Romper con ese modelo que se instaló en varias décadas y que tiene que ver con el ministerio de agricultura que propulsó el uso de químicos, sumado a las condiciones socio-económicas que actualmente imperan en el campo, genera una situación muy difícil”.

Por otro lado, reflexiona que si bien la agricultura campesina está tomada por la tecnología química, existen muchas organizaciones y  productores que han tomado la producción agroecológica como una forma de vida.  “Con la agroecología se busca reducir esa dependencia infernal de los insumos químicos y poder aumentar una producción basada en elementos naturales como los insumos biológicos y orgánicos que ya están de por sí presentes en el ecosistema”.

Otro problema: no existe asistencia técnica ni acompañamiento para la gran cantidad de productores campesinos.“Es muy baja la cobertura del ministerio de agricultura y las organizaciones no gubernamentales como Decidamos sólo pueden llegar hasta pequeños núcleos de productores. El gobierno no pone recursos para incentivar la producción agroecológica. Primero no existen técnicos capacitados del Ministerio, la mayoría están formados en la producción química. Por otro lado, la cobertura de asistencia técnica es de por sí muy baja, apenas el 18% de los productores de esas 289 mil fincas campesinas reciben asistencia y de muy mala calidad. Un solo extensionista debe atender a 300 familias y eso es absolutamente imposible”.

Advierte que no tenemos soberanía alimentaria porque son los grandes capitales quienes deciden qué se va a plantar. “Hoy en día la humanidad depende en un 50% de su consumo alimenticio de solo 3 especies: maíz, trigo y arroz. El trigo entra en nuestra mesa de varias maneras y el maíz transgénico está en casi todos los alimentos. Las organizaciones campesinas producen para sustento y un poco para la venta pero no tienen las condiciones ni la fuerza para desarrollar una producción más fuerte que cubra todas las necesidades. Esto genera una paradoja: Paraguay teniendo tantas condiciones de producción debe importar alimentos básicos”.

Sostiene que con el paso del tiempo la agrodiversidad se ha perdido de manera aterradora. Pero que precisamente esa agrodiversidad es lo que se busca recuperar con la agroecología. La agroecología es una agricultura de procesos, de trabajar de manera muy armoniosa con el medio ambiente, de crear un ecosistema que por sí mismo se pueda autorregular sin la necesidad de plaguicidas y ofrecer a los cultivos una tierra rica en nutrientes.

“Buscamos la diversidad vegetal, la diversidad animal, y la diversidad de organismos. Todo esto se conecta al derecho a la alimentación en el sentido de que este modelo de producción agroecológico lo que hace es generarnos condiciones de una producción estable y sostenible a largo plazo, en el tiempo y en el espacio”

“Una agricultura agroecológica nos va a permitir que ese suelo que tardó tanto tiempo en formarse pueda estar presente en las generaciones actuales y futuras de agricultores. Esto a su vez va a hacer posible que estas generaciones tengan  acceso a los alimentos de calidad. Este modelo debemos lograr entre todos y de diferentes maneras, presionando para que haya más políticas públicas, concienciando a la gente para que entienda los procesos de los campesinos, que entiendan el proceso productivo. Que entiendan que pagar un poco más por un alimento agroecológico u orgánico es lo que va a hacer posible la sobrevivencia de la vida en la tierra. Tenemos que trabajar y conectar todos estos principios para lograr generar políticas públicas que tiendan al verdadero bien común de todas las personas en nuestro país y en la región. El trabajo que estamos realizando a pequeña escala es extremadamente valioso. Un agricultor debe hacer mucho más esfuerzo pero en realidad es ir internalizando la práctica, ir entendiendo, observando, haciendo lentamente, y tener paciencia”.

“Debemos ir limpiando el monocultivo mental de la gente: tener mayor apertura, un análisis más amplio, entender cómo las diferentes situaciones se van vinculando, que campo y ciudad, no es campo allá y ciudad aquí. Somos parte de un todo”.
 

*El 25 de agosto se realizó una capacitación para voluntarios de Decidamos sobre “Derecho a la alimentación y agroecología”con Soledad Martínez.

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