Viernes, 11 Agosto 2017 12:36

Empoderar a las mujeres

La persistencia de relaciones desiguales entre hombres y mujeres es incompatible con el desarrollo sostenible y debe ser motivo de preocupación en naciones comprometidas con los objetivos de la agenda 2030. En ese contexto, la visión de la politóloga y líder feminista, Line Bareiro, es tenida muy en cuenta para buscar estrategias que conduzcan al empoderamiento de las mujeres y la equidad.

"Que nadie quede atrás" es el lema que debe primar para la implementación de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de Naciones Unidas (ONU), una ambiciosa hoja de ruta que busca guiar a los Estados en la elaboración de políticas públicas hasta el 2030. Esto supone la necesidad de nuevos enfoques y herramientas para eliminar todo tipo de discriminación en diferentes ámbitos.

Para la politóloga y líder feminista Line Bareiro, se debe observar muy bien dónde está la gente que puede quedar atrás y, en base a ello, establecer estrategias para vencer aquellos obstáculos que hoy impiden la equidad. Y en ese contexto, la situación de los Derechos Humanos de las Mujeres de Latinoamérica y el Caribe, se vuelve un punto neurálgico para avanzar hacia sociedades más igualitarias. Sobre este aspecto en particular, Line elaboró un informe -cuyos detalles compartió con FOCO- en el que identifica brechas que deben superarse en la región.

¿Cómo surge el informe sobre la situación de los derechos de las mujeres en Latinoamérica y el Caribe?

Hice este trabajo a pedido de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe). Inicialmente, solo iba a ser presentado en unas reuniones subregionales, preparatorias de la XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se realizó a fines de 2016 en Montevideo, Uruguay. Presenta la situación de los derechos de las mujeres basandose en las observaciones y recomendaciones del CEDAW (Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer) de las Naciones Unidas. Fue muy interesante porque hay muchas diferencias, pero también hay similitudes entre las subregiones. Finalmente, me pidieron un informe global (actualmente en fase de edición) recogiendo algunos elementos más de la conferencia.

¿Hay una mayor preocupación por cumplir las recomendaciones?

Hay una coincidencia y es que a los Estados les interesa cumplir la Convención porque ellos se auto obligaron a eso, y por su parte la CEPAL hace un llamado a aplicar medidas innovadoras y efectivas para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres latinoamericanas y caribeñas. También el CEDAW espera que efectivamente todos los derechos de la convención lleguen a todas las mujeres de la región.

Desde el punto económico, ¿la autonomía de las mujeres es fundamental para una mayor equidad?

Este trabajo también gira en torno a la recomendación de lograr la autonomía económica de las mujeres, porque la CEPAL trabaja tres conceptos: Autonomía física, autonomía económica y autonomía en la toma decisiones. Si no se tiene autonomía económica, no se cuenta con autonomía física y ni posibilidades de acceder a la toma de decisiones. Un tema que se ha tratado bastante es que en muchos países de América Latina no se tiene una buena educación. Aunque exista escolarización en los tres niveles, primaria, secundaria y terciaria, no se trabaja en ese paso de la educación al empleo. Hay que poner más énfasis en ello, ver cómo orientarlo.

¿Sería importante trabajar más de cerca con el sector empresarial?

Por supuesto, hay que trabajar con distintos actores en los acuerdos y los pactos sobre los aspectos laborales. Necesitamos hacer una revisión legislativa, ver qué políticas implementar, con quiénes establecer alianzas. Por eso es importante la participación de empresas, del Estado, los sindicatos y de todas las partes afectadas directamente. Un tema importantísimo es que los sindicatos deben renovarse para lograr sus reivindicaciones. En realidad, todas las instituciones necesitan renovarse y repensar ciertas cosas, porque muchas siguen esquemas del siglo XIX. Llegó la hora de cambiar y hoy tenemos la oportunidad de dar un impulso para llegar a sociedades más igualitarias. Socialmente hablando América Latina es el continente más desigual del mundo. Por eso estas cosas son muy relevantes si queremos sociedades mejores.

Su informe menciona que existen similitudes respecto a la situación de las mujeres en las subregiones ¿Cuál sería la más notoria?

Quizás lo más fuerte que tenemos en la región es como una distancia importante, una brecha entre la igualdad legal y la realidad de discriminación. De hecho es muy fuerte en diferentes campos -prácticamente en todos- salvo la participación política, que en algunos países se logró con la paridad como es el caso boliviano. Yo diría que este es el tono más importante, pero de nuevo hay diferencias de acuerdo a la legislación o subregión.

¿Y cuál sería la diferencia más significativa?

Una de las diferencias se da con los países que tienen más violencia social, en donde la situación de las mujeres varía mucho. Por ejemplo México, el triángulo norte de América Central y nuestra frontera con Brasil, desde Pedro Juan Caballero hasta Ciudad del Este, son contextos violentos por situaciones de conflicto con el crimen organizado. Pero en Uruguay, donde también hay mucho feminicidio, presenta características diferentes, ya que sucede en los hogares. Este es un país pacífico, donde uno camina por la calle sin mayores problemas, pero tiene una violencia interna muy grande. Por eso en cada caso hay que ver la forma de enfrentar esto, para lograr el derecho a una vida libre de violencia.

¿En qué otros aspectos encontró diferencias?

Otra diferencia muy grande se da en la región del Caribe inglés y el francés, donde la mayoría de los países no tienen en su Constitución los principios de igualdad y no discriminación, de los que deriva el resto de la legislación. Una diferencia también muy grande entre América Latina y el Caribe inglés es que tenemos jurídicamente, en relación a los tratados internacionales, un sistema monista, que al ratificar la convención pasa a ser Ley del país, obligando al Estado a cumplir directamente. En cambio, en el caso del Caribe inglés -y prácticamente en todos los de tradición anglosajona- tiene el sistema dualista que necesita una ley posterior, que domestica o vuelve nacional esa disposición.

¿Qué tan efectivas son las leyes para proteger a las mujeres?

Esto es todo un tema. Pues lo que tenemos es un divorcio entre la igualdad legal, las disposiciones de protección, etc, y la realidad. El mundo entero aprobó la agenda 2030, que tiene como uno de los objetivos la igualdad de género, que hoy es la desigualdad y discriminación más extendida en el mundo. Por eso se convierte en un elemento central, tanto que tiene un objetivo específico, el número 5. El enfoque de derechos formó parte de la Conferencia de Montevideo desde el inicio, y tuve participación en ella, porque precisaban una visión de derechos y de lo que tenemos que hacer para el logro de la estrategia y para cumplir la agenda 2030, que es la más avanzada que el mundo se propuso.

¿Es posible el cumplimiento total de la agenda 2030?

Aunque sea difícil el cumplimiento total, una cosa muy importante es que todos los Estados del mundo se la impusieron como "debe ser". Hay cosas que se propusieron mucho antes, como por ejemplo la igualdad, que está desde los tiempos de la independencia de América Latina. La agenda 2030 es un acierto, porque ahí se entronca también con el movimiento feminista y amplio de mujeres, que hace años trabaja para asegurar legalmente la decisión de eliminar las discriminaciones. En Paraguay hubo todo un proceso de igualdad ante la ley y todavía se continua con las trabajadoras domésticas.

¿Hay esfuerzos visibles para cumplirla?

Sí, si uno se fija, se ven esfuerzos en toda la región por eliminar discriminaciones, por ejemplo tenemos avances en América Latina, desde el punto de vista de las leyes. Tengo una sospecha que debo demostrar mejor, y es que creo que somos la región del mundo o el continente de la apariencia. Hablamos bonito, tenemos muy buenos redactores de leyes, escritas con palabras interesantes, de avanzada, incluso mejor que otras regiones del mundo, pero eso no significa un propósito de cumplimiento. Quedan, como durante mucho tiempo, como una cuestión declaratoria que no tienen nada que ver con la realidad. Tenés el Estado que debe hacer cumplir las leyes y ahí hay una serie de nudos más. No solo hablo de políticas pública, sino del correcto funcionamiento del Poder Judicial que es muy importante.

¿Cómo se avanza en la aplicación de las leyes?

Para avanzar en la aplicación de las leyes, se deben encontrar los mecanismos de garantías. La trata de personas es un problema grande en el Paraguay, y existe toda un ingeniería legal en la materia, pero no se cuenta con recursos. O en las mismas sentencias judiciales o mismo en los procesos se observan estereotipos, se trabaja con ideas que no corresponden. Entonces hay un déficit de aplicación de las leyes. Además no se cuanta con un patrocinio gratuito. Si bien algunas universidades lo hacen, es un punto sobre el cual insiste el CEDAW. La preocupación central es que no haya impunidad. En derechos humanos importa que no haya impunidad.

¿Las estrategias son ampliamente debatidas?

Toda la estrategia fue discutida con las autoridades de todas las subregiones para no hacer una táctica que luego no se cumpla, que no tenga efectos. Las líneas estratégicas que tienen una serie de problemas deben ser discutidas. Y por eso algunas de esas medidas, de las estrategias de Montevideo, están basadas en las recomendaciones del CEDAW. Eso es importantísimo porque vemos como se van uniendo y se potencian enormemente.

¿Cómo está el liderazgo femenino en el ámbito político?

Si hablamos de participación política se debe trabajar por clústers en aspectos que hermanan a varios países de la región. Algunos ya superan el 40% de participación, otros el 30%. Paraguay tiene 16% de representación parlamentaria femenina, Argentina tiene una cuota del 30%, pero una realidad que llega al 37%. Brasil y Guatemala están por debajo del 15%, por más que tienen una cuota del 30%, probablemente por no estar muy bien vinculado a su sistema electoral.

Los problemas que pueden tener los países con baja representación, requieren de un trabajo diferente al de los que ya están con alta representación o intermedia. Lo cierto es que en toda la región se están presentando propuestas de leyes de paridad y hay países que ya las han aprobado en su Constitución. En el caso de Bolivia se creó todo un sistema legislativo de paridad que resultó muy exitoso. Veo un avance interesante, tanto es así que pienso que toda América Latina podría tener leyes de paridad para el 2030. Para ello no debemos cansarnos de buscar las formas de cambiar el funcionamiento de nuestros países. No hay que olvidar que muchas transformaciones se produjeron a propuesta de la sociedad civil, de las mujeres organizadas y que muchas cosas que décadas atrás se creía no se podrían hacer, hoy son ley del Estado y crearon una verdadera revolución jurídica.

Perfil

- Abogada por la Universidad Nacional del Asunción
- Magister en Ciencia Política en la Universidad de Heildelberg, República Federal de Alemania
- Líder del movimiento feminista y activista de la Coordinación de Mujeres del Paraguay (CMP)
- Una de las impulsoras de DECIDAMOS
- Desarrolló una intensa actividad internacional como conferencista en seminarios, diversos foros, o formando parte de jurados
- Dio clases en cursos de la Universidad Técnica de Zürich, del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, del Instituto de la Mujer de España y en la maestría de género de la Universidad de San Simón de Cochabamba. Fue consultora de la CEPAL, del PNUD, de UNIFEM y de programas de ciudadanía activa de las mujeres de los gobiernos de Costa Rica y Chile.
- Autora de varios libros y trabajos de investigación sobre derechos humanos, entre otros temas sociales.

Fuente: Diario La Nación

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