Lunes, 05 Abril 2010 12:28

Paraguay, ante un momento histórico - Por Alejandro Vial

Tema: Rol de los partidos y sus liderazgos en democracia. 25 de enero de 2008

En el tráfago noticioso con el que somos bombardeados todos los días por esa cosa efímera y superficial que traen nuestros medios, es difícil darse cuenta de la envergadura y contundencia del momento que estamos viviendo. Entonces hay que agradecer espacios como este que nos provee Decidamos, donde se busca ir un poco más allá para detenerse y poder pensar, reflexionar lo que ocurre para aprehender el sentido, la dirección y los alcances de esos cambios. Porque en verdad, estamos ante un momento histórico.

A modo de punto de partida de esta breve reflexión, creo importante plantear que hay una suerte de hegemonía que se ha quebrado, es decir hay una legitimidad del dominio ejercida históricamente y de modo particular durante la transición democrática por el partido Colorado y en menor grado por el partido Liberal, que ha sido puesta en cuestión o entredicho. Esa dualidad del dominio con amplia preeminencia del partido Colorado, con un partido Liberal agarrando ciertas migajas funcionales al sistema, -- y que fuera el eje que articuló la llamada transición democrática--, es lo que esta en crisis. Y por lo tanto, su producto, la transición misma se encuentra trabada y dislocada, un poco a la expectativa de lo que ocurra en las elecciones próximas de abril.

Las señales de la crisis son varias y las más visibles emergen de la fractura que ocasionaron las internas partidarias en todos los partidos políticos y particularmente, en los dos grandes. Ambos partidos tradicionales tienen ahora liderazgos débiles porque ganaron por escaso margen de votos y con grandes dudas acerca de sus resultados. Además, el PLRA tuvo que resignar la chapa presidencial a un outsider del partido y de la política, y la ANR se apresta a la contienda electoral con una candidata que no prende y con un partido que no puede disimular sus fracturas, frente a un contendor como Fernando Lugo, cuyo caudal electoral tiene fuerzas para arrebatarle el poder por primera vez en décadas al partido gobernante. La sola existencia de Lugo agrupando tras de sí a movimientos sociales que ya no canalizan sus demandas a través del sistema de partidos sino como actores políticos directos, especialmente en el caso de los movimientos campesinos, pone de manifiesto que la matriz de la transición, cuyos artífices fueron la ANR y el PLRA, está rota. El desgajamiento oviedista del partido Colorado es otro indicador de la crisis así como un discurso casi generalizado de creciente ideologismo, rasgo históricamente ajeno a la práctica política paraguaya.

1. De cómo se fue perdiendo la transición

Durante los primeros años de la transición y hasta hace poco, se debatía el tema de su duración y muchos nos preguntábamos si se estaba cerca del final de la transición o quedaba mucho camino por recorrer para culminarla. Pues bien, no es casual que los analistas ya no se pregunten sobre esta cuestión, pues esa transición iniciada en 1989, hace mucho ya no existe más.

La transición en sí generó mucha expectativa y en sus primeros años construyó instituciones importantes desde la Constitución del 92, pasando por el Superior Tribunal de Justicia Electoral, el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y otros, pero hoy en día vemos un retroceso profundo y peligroso de lo que se había avanzado, debido a que se profundizó en exceso el prebendarismo y el clientelismo, lo que fue erosionando las instituciones hijas de la transición, es decir las instituciones democráticas creadas por la transición misma. Ese modelo funcionó relativamente bien al inicio de la transición, pero a medida que nuevos ámbitos del quehacer público se iban incorporando al clientelismo prebendario, el modelo fue deslegitimándose a sí mismo, vaciando de contenido las instituciones y socavando la misma base del poder en que se asentaba su dominio.

Un ejemplo podemos verlo en el PLRA, que al inicio de la transición tenía 70.000 afiliados y una práctica política propia, heredada de su historia, su identidad y sus líderes. En la actualidad el PLRA tiene 700.000 afiliados, es decir diez veces más, pero mediante un ejercicio político muy similar al del partido Colorado, es decir con clientelismo. Su dirigencia pudo elegir hacer política de cara al futuro con menos gente aunque trabajando con la mirada del largo plazo por la construcción de otro país, pero prefirió el mercadeo del corto plazo y la mirada de la coyuntura. Se ganaron así parlamentarios, intendentes, concejales y gobernadores, pero se perdió identidad y poder, al seguir el camino hegemonizado por otro.

El atraco a la voluntad popular colorada cometido en la interna de 1992 con los votos de Luis María Argaña, contribuyó a socavar la transición, especialmente porque sentó el precedente de que el proceso se guiaba por la conveniencia mía y de mi grupo en lugar de principios universales y vinculantes para todos, o sea, en lugar de la ley.“Vinieron a buscar judíos pero como yo no era judío me callé. Luego vinieron a buscar negros pero tampoco yo era negro” (Brecht); es cosa de colorados, dijeron importantes referentes de la oposición, pensando que era más fácil ganarle a Wasmosy que a Argaña. En definitiva, no se apalancó un Estado de Derecho creíble.

2. La importante responsabilidad de las elites en el proceso fallido de transición

En gran medida la transición se perdió porque se asumió un modelo oligárquico, donde los actores populares que hubieron, solo lo eran por origen pero no por representar los sectores populares mismos, ni sus demandas, que eran un poco las demandas nacionales. Entonces no se abordaron los grandes temas de salud, educación, política exterior, política energética, medio ambiente y otros, con lo cual, la transición se agotó sin poder llegar a puerto.

La transición tampoco se abordó tomando en cuenta la realidad de los años 90 en que se iniciaba y se continuó como si todavía el pacto de los años 50 estuviera estructuralmente vigente. Es decir como si se mantuviera la Guerra Fría, como si la mayoría de la población continuara viviendo en el sector rural y trabajando en el sector primario de la economía y como si la globalización no estuviera transformando el país hasta sus cimientos, con enorme costo social para los más débiles; entre otros, la expulsión campesina por la soja. Las élites paraguayas no pudieron plantear, pensar y diseñar un proyecto de país para su pueblo, que acompañara el proceso y paliara sus costos.

Acá hay un problema gravísimo de la dirigencia y los líderes (no estoy hablando solamente de la dirigencia política, sino de los dueños del poder en distintos ámbitos del quehacer nacional) fueron incapaces de interpretar los grandes intereses nacionales. Claro, quizás en los años 50’, aunque no nos guste, el modelo que se implementa era al menos coherente a la situación existente, pero cuando ese modelo se va erosionando producto de un proceso orgánico de migración, de cambios políticos y de transformaciones estructurales, al seguir utilizándose una práctica política que ya no tiene que ver con la situación social y económica existente, se empieza a producir un vacío institucional creciente, hasta llegar a lo que tenemos hoy, donde en rigor, la República no funciona, amplios sectores del país están postrados y en cada esquina de la capital, una avalancha de niños pobres se arroja sobre los autos pidiendo algo para comer. Y es que la tarea de las elites de pensar el país y dotarle de una hoja de ruta, no la asumió nadie; las élites sólo pensaron sus negocios particulares.

3. Escenarios complicados

Por eso los escenarios que se nos presentan hoy son tan complicados, porque se arrastró una cuerda más allá de lo prudente dejando acumular enormes pendientes estructurales y porque el orden social no se reproduce mecánicamente; necesita un liderazgo que no se ha dado, con lo cual las elites renunciaron a su rol histórico de conducir procesos. Por eso hoy los sectores populares también se ven obligados a tomar protagonismo y buscar la construcción de nuevas hegemonías. Mientras tanto, la clase históricamente dirigente continúa mirando con demasiada indiferencia y si no fuera por el temor a perder sus privilegios, que es su única señal de alarma, casi no se daría cuenta de lo que está pasando. Sería un signo alentador –no lo descartamos-, pensar que la renuncia del PLRA a conducir la chapa presidencial haya sido una señal de lucidez política y no tan solo pragmatismo puro y duro para llegar a la primera magistratura.

Cuando se pierde un modelo y una hegemonía, lo que viene es una crisis inevitable hasta que se construye el nuevo modelo de dominación. En definitiva, si bien la matriz que guió, tanto la forma tradicional e histórica de hacer política en el país como la propia transición a la democracia están en crisis, lo que se está gestando podría darle una salida –ojalá no muy traumática-, a dicha crisis.

4. La política como identidad y la política como ideología

Si bien este es un tema complejo, creo que vale la pena intentar conceptualizarlo para entender la magnitud de los cambios que vive el país. En la época moderna y en nuestra área o ámbito “semi occidental” de influencia, --para no hablar de la cultura política árabe o asiática--, encontramos dos formas básicas y predominantes de constituir lo político; una es la política como identidad y la otra, la política como ideología. Cuando lo público-político se constituye desde la identidad, quiere decir que en general, las asociaciones y agrupaciones sociales buscan ser cooptadas o al menos neutralizadas por el Estado, porque las percibe como amenaza para sí mismo. La oposición a este tipo de práctica, es la política como diferencia, es decir, una política que trate de fortalecer la diversidad de las asociaciones civiles frente al Estado.

La política como identidad, funcionó mucho en Paraguay dada sus características históricas y hasta ahora, es prácticamente la única forma de hacer política que ha conocido el país. Ahora bien, este tipo de constitución de lo público como identidad-diferencia, también tuvo un rol dominante en la historia política de Uruguay, Argentina e incluso, los Estados Unidos.

La otra forma de constitución de lo público es la política como ideología, que tiene en el Área Andina y en países como Francia, Italia y España sus exponentes principales. Aquí se estructura lo político en base a la representación de intereses sociales, y el sistema de partidos se caracteriza por un abanico amplio de actores desde la derecha hasta la izquierda pasando por el centro, con lo cual se representa a los distintos segmentos de cada sociedad, lo que significa una multiplicidad de partidos políticos. En cambio, en la política como identidad, debido a que la polaridad no son tanto los intereses sociales sino la independencia o no de los actores sociales frente al Estado, hay solo dos grandes partidos dominantes.

En Uruguay por ejemplo el partido Blanco representó la política como diferencia mientras el partido Colorado la política como identidad. En Argentina el Peronismo representó la política como identidad y el partido Radical la política como diferencia y en Estados Unidos, los Republicanos la política como identidad y los Demócratas la política como diferencia. Antes de continuar debemos explicitar que ambas formas de hacer política, es decir tanto la política como identidad o como ideología, tienen formas democráticas y autoritarias de expresión, por lo que no hay una mejor que la otra necesariamente o per-se. Lo importante es que expresen la realidad socio-estructural existente y puedan dar respuesta a las necesidades de su pueblo.

Fíjense ustedes en la historia del Paraguay; si uno asume esa tesis y pese a que el PLRA representaría la política como diferencia, la hegemonía colorada ha sido tal, que en la práctica sólo ha habido política como identidad, producto de esa historia azarosa de defensa de la independencia nacional frente a la Provincia del Plata desde sus orígenes con el Dr. Francia, de la gran Guerra de la Triple Alianza y de esa historia de agresiones y defensas, donde todo lo que estaba por afuera del Estado era un poco una amenaza a la sobrevivencia nacional. Esta ha sido la bandera más fuerte en la política paraguaya y por eso en gran medida, es el partido Colorado quien siempre ha sido más fuerte, porque es el partido que más pudo capitalizar la identidad nacional.

No nos olvidemos que hay una continuidad muy clara después del fin de la Gran Guerra con el inicio de la ANR, mientras el PLRA carga con ese karma –más mítico que real-, de los legionarios. Pero en definitiva lo que quiero decir con esto es que en Paraguay nunca se pudo implementar todavía ni siquiera la política como diversidad social; mucho menos como ideología. En Uruguay en cambio, hace más de treinta años apareció el Frente Amplio haciendo una forma política nueva, que rompía el modelo tradicional de Blancos y Colorados y también, la dicotomía identidad-diferencia, incorporando el tema ideológico a la praxis política.

5. Magnitud del cambio político, o la inclusión social como salida democrática a la crisis

Esta perspectiva nos permite ver la magnitud del cambio que se está operando en Paraguay pues están apareciendo con mucha fuerza la política como diferencia y como ideología, ambas expresadas principalmente en la candidatura de Lugo. Pero el tema ideológico aparece además en la mayoría de los candidatos, incluso en Fadul, cuya chance electoral es muy baja.

Y obviamente, todo el eje de la transición fue todavía la política como identidad, con un PLRA haciendo tímidos esfuerzos por la diferencia, un fugaz Encuentro Nacional que intentó lo mismo, y partidos pequeños que expresaron cierto matiz ideológico, pero con escasa fuerza electoral. El final de la transición queda de manifiesto cuando vemos ahora que esa matriz cambió básica y sustancialmente. Oviedo es la política como identidad llevada al extremo, con rasgos claramente autoritarios, Blanca Ovelar una política de la identidad atenuada, estirando más la cuerda de lo mismo, y Lugo expresa en la heterogeneidad de sus seguidores, ambas cosas; la diferencia y la ideología, con chances reales de victoria.

La política siempre tiene relación con las formas productivas, con la estructura demográfica, con las migraciones, en fin la política es la simbología discursiva de la realidad orgánica, entonces como la realidad orgánica ha cambiado tanto, difícil representar los distintos segmentos nacionales con el modelo político de la pura identidad, que es en definitiva lo que está en crisis. Por eso emergen estas nuevas fuerzas y enfoques que están transformando la política paraguaya. Ahora bien, ¿qué forma de hacer política primará?

Lo único que podemos decir es que la política tradicional que ha gobernado al país está en una crisis de envergadura, entonces más allá de lo que podamos anticipar puntualmente acerca de lo que va a ocurrir en el corto plazo (elecciones de abril y tal), hay una situación de largo plazo que está generando cambios políticos mucho más rápidos y profundos de lo que se cree y cuyo impacto sobre el cotidiano, resulta difícil adelantar o calcular. Lo que parece inevitable es la necesidad de ajustar la política a la nueva realidad estructural existente y en ese marco, proyectos políticos que incorporen a los sectores más excluidos como actores en lugar de tenerlos pasivamente como clientela, debieran profundizar la democracia y relanzar la transición política sacándola de su actual estancamiento, lo que podría darle un nuevo futuro al país.