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Agroecología como respuesta al tizón de la papa en fincas de Bernardino Caballero y La Colmena: resistencia y aprendizajes

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Durante los últimos meses, los comités San Antonio y María Auxiliadora, del distrito de Caballero y La Colmena, enfrentaron el desafío de la enfermedad del tizón de la papa, que afectó fuertemente a las parcelas de producción familiar. Este episodio puso a prueba no solo la capacidad técnica de los grupos, sino también su organización, su compromiso con las prácticas agroecológicas y su visión de futuro frente a un contexto de cambio climático e inestabilidad productiva.

Las acciones de contención urgente y el seguimiento técnico intensivo a los productores afectados iniciaron en setiembre, monitoreando la aplicación de bioinsumos elaborados localmente y los cuidados de refuerzo necesarios. No obstante, las tareas preparatorias para la siembra y el cuidado de la papa comenzaron en marzo, cuando se inició el proceso de capacitación, la elaboración de bioinsumos y el acompañamiento técnico a las familias productoras. Posteriormente, las acciones de contención se reforzaron entre setiembre y octubre, periodo en que el ataque del hongo se intensificó.

Aunque el tizón está instalado en la zona y no puede eliminarse completamente, este trabajo permitió probar que las alternativas agroecológicas para controlar su avance y disminuir su impacto en el rendimiento y la calidad fueron la respuesta más efectiva y eficaz en las fincas que las aplicaron, en comparación con otras que utilizaron medidas que incluyeron el uso mayor de productos sintéticos. Los aprendizajes registrados servirán para las futuras siembras, no solo del rubro papa, sino de todo el sistema de finca productiva.

La enfermedad evidencia que una de sus causas es la degradación del suelo, provocada por años de dependencia de insumos químicos. “El tizón y otras enfermedades atacan con mayor agresividad en suelos pobres y degradados, donde la falta de nutrientes afecta el crecimiento y la fortaleza de los cultivos”, señaló el ingeniero agrónomo Marcos Martínez. Por ello, es fundamental continuar con el proceso de recuperación del suelo, incorporando abonos verdes, asociaciones de cultivos y la producción mensual de insumos naturales.

El tizón tardío es una amenaza silenciosa

La ingeniera agrónoma Soledad Martínez explica que el tizón tardío es una enfermedad que afecta tanto a las plantas de papa como de tomate, producida por un microorganismo patógeno llamado phytophthora infestans.

Los síntomas característicos son manchas marrones de pudrición acuosa que se expanden rápidamente hasta cubrir grandes áreas de la hoja. En los tallos aparecen lesiones irregulares de color marrón o negro y, cuando la afección avanza, también daña los tubérculos de papa o los frutos, en el caso del tomate.

Con humedad alta y temperaturas frescas, el tizón tardío puede diseminarse rápidamente a través del follaje y los tubérculos, causando la muerte de una planta en solo 7 a 10 días si no se trata. Las esporas se propagan por el agua de lluvia, el riego o el viento. En condiciones ideales —humedad constante y temperaturas diurnas de 15–21 °C y nocturnas de 10–15 °C— el ciclo completo de la enfermedad puede desarrollarse en apenas cinco días.

Este año, las lluvias frecuentes y las bajas temperaturas del invierno crearon el ambiente perfecto para su propagación explosiva en las parcelas de papa.

Sin embargo, los resultados muestran un claro contraste entre los modelos de producción:
  • En las parcelas agroecológicas, donde agricultoras y agricultores aplicaron prácticas preventivas y curativas, se constató una baja incidencia del tizón y un buen control de los focos de infección.
  • En cambio, en las parcelas convencionales, donde se aumentaron las dosis y frecuencias de fungicidas sintéticos, hubo mayores dificultades o no se logró el control, debido a la resistencia que desarrolla el patógeno al uso constante de estos productos.
Las prácticas agroecológicas aplicadas incluyeron:
  • Cultivo de abonos verdes y aplicación de bocashi, tanto como abono de base antes de la siembra como en cobertura antes del aporque.
  • Uso de fosfito natural para fortalecer la nutrición con fósforo y silicio.
  • Pulverizaciones preventivas con microorganismos benéficos.
  • Aplicaciones semanales de fungicidas ecológicos (caldo sulfocálcico, caldo mineral “Para todo”, caldo ceniza y fungicida “siete hierbas”), de manera alternada, para prevenir y contener el avance del tizón.

En las fincas donde se aplicaron estas prácticas, se observó menor incidencia de la enfermedad y un control efectivo de los focos iniciales en el follaje.

En ambos comités, se reforzó la elaboración de bioinsumos, la planificación mensual de cuidados y la siembra de abonos verdes como estrategia de sanación y regeneración del suelo.

En noviembre, las visitas de seguimiento en San Antonio y Ma. Auxiliadora mostraron un control del tizón y una reducción importante de las pérdidas productivas.

Con esta experiencia, reafirmamos que la agroecología no es solo una técnica, sino una forma de resistencia y reconstrucción frente a un modelo agrícola que ha debilitado los suelos y las comunidades.

El trabajo conjunto de los comités San Antonio y María Auxiliadora, acompañados por el equipo técnico, muestra que la transición hacia sistemas productivos más sanos y sostenibles es posible y beneficioso, aunque exige constancia, cooperación y apoyo continuo.

Estas acciones forman parte del proyecto “Producción Agroecológica, Promoción de la Protección del Medio Ambiente y Creación de Redes de Familias de Pequeños Agricultores en el Departamento de Paraguarí”, cuyo objetivo es contribuir a la mitigación del cambio climático y a la seguridad alimentaria de familias rurales vulnerables. El proyecto es implementado con el apoyo de Adveniat y CCFD-Terre Solidaire.

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