ORIGEN. Las Ligas Agrarias Cristianas fueron una organización campesina de inspiración cristiana que surgió en Misiones, en los años 60.
ESCUELAS CAMPESINAS. El primer paso de las escuelas campesinas de las Ligas Agrarias Cristianas fue enseñar totalmente en guaraní.
Por Brigitte Colmán
En estos días se cumplen 50 años de la brutal represión a las Ligas Agrarias Cristianas en la zona de Misiones; un año antes, en 1975, el feroz ataque de la dictadura había arrasado la comunidad de San Isidro de Jejuí en el Departamento de San Pedro. Medio siglo después seguimos recordando la experiencia. En esta primera entrega nos acercamos al origen y los objetivos de las Ligas Agrarias Cristianas, de la mano de la historiadora Margarita Durán Estragó y el sociólogo Quintín Riquelme, quienes vivieron aquella experiencia.
Las Ligas Agrarias Cristianas eran una organización campesina de inspiración cristiana que surgió en la zona de Misiones en los años 60. “Las Ligas Agrarias se declaraban una organización cristiana, pero con autonomía en cuanto a organización respecto a la jerarquía”, explica Margarita Durán.
Sobre su origen se puede leer en el libro En busca de la tierra sin mal, editado en 1982 por sacerdotes jesuitas que habían sido expulsados por la dictadura, que estas nacieron a raíz de un problema de tierras en San Juan Ruguá, en Misiones, cuando en 1960 los pobladores se percataron de que se estaba alambrando un campo comunal y que más de 400 familias que ocupaban esas tierras comunales quedarían sin vivienda, sin pastos para los animales y sin recursos para alimentarse.
Ante la situación, los campesinos se reunieron y discutieron y vieron que si se unían, serían respetados en sus derechos. Desde entonces conversaron y recibieron la ayuda de los jesuitas Francisco Ayala y Juan Bautista Caballero, que trabajaban en Santa Rosa, Misiones. Asimismo entraron en contacto con antiguos miembros de la Juventud Obrera Cristiana, que trabajaban en el Movimiento Sindical Paraguayo. Así fundaron en Santa Rosa la Liga Agraria Cristiana en 1961 y el obispo de Misiones, monseñor Ramón Bogarín Argaña, alentó a la organización, que pronto fue creciendo.
Para finales de 1968, se formó un equipo de cuatro sacerdotes, que tendrían gran influencia en las Ligas: Braulio Maciel, de Quiindy; Diego Ortiz, de San Patricio; y Luis Farré y José Luis Caravias, de San Ramón. Estos sacerdotes trabajaban con los campesinos y un año después ya se formaba el primer equipo de educadores campesinos que junto con los cuatro sacerdotes elaboraron los cursillos de base.
Educación. Una de las principales actividades de las Ligas Agrarias fue siempre la educación, indica Margarita Durán, formar hombres capaces de pensar y de decidir un destino por sí mismos. “Generalmente un grupo o base campesina nacía de un cursillo de preparación, del que salían entusiasmados y dispuestos a proseguir su formación mediante otros cursos de profundización. Se partía de la propia realidad campesina, haciéndoles hablar a ellos y creando ambiente para sacar a flote sus preocupaciones e ilusiones”, relata.
El sociólogo Quintín Riquelme comenta su experiencia entre los años 70 y 72 trabajando con sacerdotes y seminaristas en la zona de Cordillera, visitando las comunidades y ofreciendo las charlas en encuentros con los pobladores.
En aquellos años, explica el sociólogo, estaba siempre presente la represión del régimen, ya sea por la Policía o por los seccionaleros. “Recuerdo un caso en Itacurubí cuando le detuvieron a un dirigente campesino de Potrero Angelito, y como estaban en el mes de la fiesta patronal, el pa’i se negó a realizar la misa central y le convocó a todos, estuvo repleta la iglesia”. Recuerda que estuvo monseñor Aquino, obispo de Caacupé, para dar su apoyo y que afuera de la iglesia estaba la Policía comandada por el comisario Irrazábal, señalado represor de la zona.
El movimiento campesino
Para Quintín Riquelme, las Ligas son la tercera etapa de la organización campesina en Paraguay. Indica que las primeras experiencias organizativas se dieron hacia finales de 1800, cuando una comunidad de Atyrá de 300 familias recibió una orden de desalojo porque la venta de las tierras públicas incorporaba a toda la población, y llega una orden de desalojo. La gente rápidamente se organiza para defenderse, para peticionar a las autoridades que puedan detener el desalojo y que reconozcan su derecho de ocupación. Esta es la primera organización registrada en Paraguay y está muy asociada a la lucha por la tierra. Las experiencias a partir de esa fueron muy puntuales, pero no tenían coordinación entre sí.
La segunda fase se daría con la llegada de los anarquistas, los gremios obreros. Eso fue de 1910 a 1920 aproximadamente. Barret llega en 1904 y encontró que los obreros no estaban organizados, y comienza un proceso de organización. Se crean las famosas sociedades de resistencia, como por ejemplo, se organizaban sociedades de resistencia de carreteros de Itá, que eran los que llevaban la caña dulce de la chacra al alambique. “Eran poco más estructuradas y formales, en el sentido de que ya no era solamente defender su interés económico, sino también incorporaban la formación”.
Sigue explicando Quintín que esa experiencia organizativa llegó hasta 1930-31, cuando José P. Guggiari decretó el estado de sitio y disolvió todas estas organizaciones porque estaba acercándose la guerra contra Bolivia. Y tanto los obreros paraguayos como bolivianos declaraban “guerra a la guerra”. Entonces, aprovechó Guggiari y declaró a las organizaciones antipatriotas y disolvió por la fuerza. Ahí culmina la segunda etapa de la organización campesina en Paraguay. Y las ligas agrarias serían como la tercera etapa.
Señala el sociólogo que si bien el inicio de las Ligas fue la lucha por la tierra en Santa María, la organización se basaba sobre la fraternidad de los primeros cristianos. Pero las duras condiciones, el contexto de represión y persecución fueron haciendo que las ligas vayan girando hacia propuestas más reivindicativas. Después ya se habla de la necesidad del cambio estructural, apunta. “Eso es importante rescatar en las Ligas, se hablaba mucho del cambio estructural; que si no hay cambio estructural, es imposible la modificación hacia una nueva sociedad”. Para ese cambio estructural hace falta un cambio de mentalidad, “para una nueva sociedad se necesitan nuevos hombres, y ahí entra la educación y la experiencia de las escuelitas campesinas”.
Una de las experiencias más importantes fue sin dudas la creación de las Escuelitas campesinas que surgieron en Misiones. Cuenta Margarita Durán que usaban como local una casa campesina; con la capacitación de jóvenes y algunos padres de familia surgieron los pytyvõhára (los que ayudan a aprender) conforme a la pedagogía de Pablo Freire. “La fundación de las Escuelitas Campesinas de Misiones animó a otras bases como la de Piribebuy y en una reunión celebrada en los patios de la casa parroquial de Piribebuy en 1970, se dispuso enviarme a San Ignacio de las Misiones con el propósito de conocer de cerca la experiencia educativa; la misma me pareció excelente y oportuna. Luego de compartir mis apreciaciones se decidió implementar lo mismo en Piribebuy”.
Margarita Durán detalla que las escuelitas contaban con tres ciclos de enseñanza. El primero se impartía en la lengua materna de los niños, en el segundo se iba introduciendo el castellano como idioma necesario para comunicarse con la sociedad envolvente, y en el tercer ciclo se profundizaba en la lectura y escritura, tanto en guaraní como en castellano. Se daba mucha importancia a la formación de la personalidad del niño, al fomento de su creatividad, su juicio crítico, aspectos que no se observaban en las escuelas del país.
El calendario escolar lo trazaban los padres de acuerdo al tiempo de siembra y cosecha, época en que los niños ayudaban en los trabajos del campo. Además de las áreas básicas, estudiaban historia y geografía de su comunidad para luego abrirse al departamento, región y el continente.
En total hubo 70 escuelitas distribuidas en Cordillera, Paraguarí, Misiones, Caaguazú, Jatayty del Norte, Horqueta y Concepción; lo mismo en Chorro y Jejuí, Departamento de San Pedro.
Experiencia inédita. La persecución sistemática a las Ligas hizo que las Escuelitas Campesinas no tuvieran la oportunidad de ofrecer una experiencia acabada, dice Margarita, pero fueron en la educación paraguaya, pioneras en la enseñanza del guaraní como lengua materna. Las Ligas Agrarias, dice Margarita, aportaron una experiencia inédita al crear un sistema de alfabetización basado en su lengua y su realidad campesina.
En los años 70 la represión fue escalando. La dictadura temía la propagación de las Ligas, afirma Margarita, pues “era peligroso pensar y vivir hermanados; a todo eso lo llamaban “comunismo” y por eso fueron perseguidas las Ligas hasta hacerlas desaparecer con apresamientos, torturas, muertes y expulsiones de los sacerdotes y laicos que trabajaban con ellos en el campo de la educación”.
Margarita Durán no fue testigo directo de la represión que se inició en 1975 en la colonia Jejuí y que continuó un año después en la zona de Misiones en plena Semana Santa, pues ya estaba en el exilio.
Quintín Riquelme se une al Comité de Iglesias en 1977 y se incorpora a un programa de asistencia a familiares de presos políticos. Esta entidad ofrecía asistencia jurídica, llevaba alimentos a la cárcel de presos políticos en Emboscada y daba asistencia a familiares de presos políticos; la tarea era encontrar a los familiares de los presos, perdidos por la diáspora que produjo la represión.
Fuente: Diario Última Hora

