SILVANO ORTELLADO. Fue rodeado por policías herido y llevado a rastras, lo ataron a un árbol y lo torturaron frente a su familia. Luego fue ejecutado.
REPRESIÓN. El descubrimiento de una supuesta organización armada le dio pie a la Policía stronista para emprender una represión en todo el país.
Por Brigitte Colmán
En la ciudad de Santa Rosa, Misiones, la noche del Miércoles Santo, el 15 de abril de 1976, tuvo lugar uno de los sucesos que más tarde, sumado a otros, se conocería como la Pascua Dolorosa.
La familia de Silvano Ortellado Flores recuerda. Aquel Miércoles Santo la Policía llegó en la noche y comenzó a disparar contra la vivienda, donde se encontraba la familia. Cincuenta años después todavía se ven los agujeros de las balas en la madera de las ventanas.
“Silvano salió y como a un animal le jugaron. Su sangre quedó por todos lados, la huella de sus dedos quedó por el timbo ese que se encuentra en la plaza. Lloré mucho… un Viernes Santo le enterré a mi marido”, decía Cristina Meza viuda de Ortellado.
En el Informe Verdad y Justicia se relata que Silvano Ortellado Flores fue rodeado por un grupo de policías fuertemente armados al mando del comisario de la zona, Ernesto Segovia. Que fue herido y llevado a rastras a 40 metros del lugar, en donde lo ataron a un árbol y lo torturaron frente a su familia. Luego fue ejecutado por Ernesto Segovia y Tomás Salinas.
“Saqueo y muerte es lo que ellos hicieron aquí; no conocían la projimidad”, declara Cristina.
En 1976, el descubrimiento de una supuesta organización armada le dio pie a la Policía stronista para emprender una represión en todo el país contra organizaciones campesinas, obreras y estudiantiles. Los más afectados fueron los miembros de las Ligas Agrarias Cristianas, que ya venían sufriendo persecución, como el caso Jejuí el año anterior. En abril de 1976, en plena Semana Santa, las Ligas fueron prácticamente aniquiladas y los campesinos sufrieron una terrible represión que tuvo como saldo más de 400 presos, 200 torturados, nueve desaparecidos y muertos en tortura. Sus familiares también sufrieron persecuciones en esta Pascua Dolorosa.
LA OPM. En los primeros días de abril de 1976 cae un integrante de la organización clandestina conocida como OPM y muy pronto también sus principales líderes y toda la documentación sobre esta, lo que desencadenaría el desmantelamiento de este intento de resistencia armada a la dictadura de Alfredo Stroessner. En muy pocos días, la Policía realiza una serie de allanamientos; algunos resultan en enfrentamientos; en uno de ellos terminó muerto Martín Rolón, cuyo cadáver nunca fue entregado a sus familiares; en otro lugar asaltan la casa de Mario Schaerer Prono y su esposa, Guillermina Kanonnikoff, donde fue herido de muerte Juan Carlos da Costa. Schaerer y Kanonnikoff fueron llevados al Departamento de Investigaciones, donde Mario Schaerer fue torturado hasta morir, y en San Lorenzo fue herido Constantino Coronel, histórico dirigente de las Ligas Agrarias. (Alfredo Boccia. La década inconclusa. Historia de la OPM)
Entonces, llegó la Semana Santa de 1976, que es cuando la dictadura envía a todo su aparato represivo contra campesinos y campesinas vinculados a las Ligas Agrarias Cristianas, con la excusa de buscar a integrantes de la OPM entre ellos. Como se reseña en el Informe Verdad y Justicia, “en la semana siguiente al 4 de abril en que fue descubierta la organización, se inició la represión en la localidad de San Juan Bautista, donde fueron llevados centenares de campesinos que habitaban compañías y pueblos del Departamento de las Misiones, y hasta donde fue enviado con amplios poderes el comisario Camilo Almada Morel, alias Sapriza”.
Testimonios. En el Informe hay muchos testimonios de la brutalidad durante la Pascua Dolorosa. Uno de ellos es el de Eladio Rodas Martínez, hermano del hasta hoy desaparecido Diego Rodas: “… Ellos vivían en la Compañía Santa Teresa de Santa Rosa, Misiones; fue integrante de las Ligas Agrarias Cristianas y el 1 de mayo de 1976 fueron perseguidos por los policías como el comisario Tomás Salinas –alias Mandio’rõ, uno de apellido Cabral –cuyo nombre no recuerda– y Camilo Almada Morel –alias Sapriza–. Estos habían detenido a sus hermanos Dionisio Rodas, a quien habían luego acribillado, luego liaron con una manta y lo recostaron sobre un poste de madera para que lo alzara al hombro su hermano Diego; pasaron un monte y un manantial, lo alzaron a un camión. Diego Rodas fue torturado y luego desaparecido. Su madre Clara Martínez Vda. de Rodas dijo que su hijo Diego habría sido aprehendido por el comisario Tomás Salinas, también por Camilo Almada Morel y que esa fue la última vez que lo vieron; Dionisio, el otro hermano, fue acribillado por la Policía y sus restos entregados a la madre…”. Así consta en la declaración del 9 de marzo de 2007 ante el Ministerio Público en autos: “Supuesto hecho punible de desaparición forzada de persona, ejecución extrajudicial y homicidio por tortura”.
Memoria. Eusebio Ortellado se presenta: “Soy hijo de Silvano Ortellado Flores, y un Miércoles Santo le mataron a mi papá. Le mataron como a un perro acá; le tenían atado de pies y manos; le decían que declare quiénes son sus compañeros de OPM, quiénes son los compañeros que están detrás, ustedes son subversivos, le decían”.
Hoy, junto a la placita donde fue asesinado el dirigente de las Ligas hay un monolito que lo recuerda, y desde hace 15 años se sostiene el Instituto Técnico Superior Silvano Ortega Flores, en el que están involucradas las nietas de Silvano. Una de ellas, Cynthia afirma que no es fácil: “No ha sido fácil, pero, así como decía mi abuela, tampoco vamos a dejarnos caer. Seguimos avanzando, seguimos luchando, seguimos pensando y soñando por un Paraguay mejor, por una sociedad donde haya más humanidad, que justamente busque ese desarrollo que ellos buscaban y que tenían como su filosofía; de la escuelita campesina, el jopói, todos esos ideales que ellos tuvieron para la comunidad”.
La persecución a las Ligas Agrarias
Sobre la persecución sangrienta a las Ligas, Cristina Meza viuda de Ortellado dice que ellos solo buscaban una vida mejor. “Buscamos algo que fuera mejor para nosotros, que éramos pobres; las Ligas eran buenas para nosotros. No nos íbamos por la plata, trabajábamos en minga, después poníamos las cosas en común. Ahora ya no se hace eso. Mi esposo era muy trabajador. Con su tractor hacía huerta, no les cobraba nada a sus semejantes, abría el alambre y trabajaba porque deseaba el bien para todos”. Sostiene que el objetivo de las Ligas era procurar formas para vivir mejor, “nos ayudábamos, y eso es lo que no gustó, que nosotros los pobres rojesape’a”.
Constantino Coronel: “Tenían un teju ruguái que se llamaba Constitución”

Constantino Coronel, antiguo dirigente de las Ligas Agrarias Cristianas y de la OPM, recuerda que en 1960 nació en Santa Rosa, Misiones, la primera organización campesina en el Paraguay, las Ligas Agraria Cristianas.
En su casa en Santa Rosa nos dice: “95 ro’y ya alcancé, y puedo hablar con ustedes de esto, porque la resistencia paraguaya no murió. La resistencia paraguaya no manómovai, hoky ha hoky porã jeyma ára”, afirma.
El ideario de las Ligas lo tiene claro: “Avanzamos con la lucha para que haya salud y detrás de eso la educación, teníamos que formarnos, y detrás de eso teníamos que estudiar una línea nueva de comportamiento de la sociedad en donde la política tenía que llegar en todos los hogares, o sea, tener conciencia política es una responsabilidad ineludible de los seres humanos y que hasta entonces el campesinado paraguayo ausente en este campo. Porque no puede el ser humano estar sano, no puede cultivarse la mente humana y no se puede manejar una cuestión política sin tener un sostenimiento económico. Sobre estos cuatro puntos estaban las Ligas Agrarias”.
Relata Constantino que, a medida que iban creciendo las Ligas, vieron que el sector campesino solo no iba a poder cambiar la línea política, ni la línea económica, entonces buscaron coincidir con otros grupos. Era aquel el momento del movimiento independiente que nació en el Colegio Cristo Rey, y comenzaron a coincidir en el campo político con otros sectores.
“Justamente, nos encontramos la OPM, Organización Político Militar, nos encontramos con el compañero Juan Carlos Da Costa, y en la misma altura del compromiso, la compañera Nidia González Talavera, de la que no nos podemos olvidar si hablamos de nuestra historia de lucha”. Señala que el objetivo era la organización para llegar a que el pueblo adquiera conciencia, “Eso significa que hasta el último hogar de nuestro país cada familia debía participar dentro de la lucha económica, política y social”.
Pero llegó 1976 y dice Constantino: “No teníamos todavía la capacidad, teníamos que estudiar mejor, trabajar más y caímos”. Entonces llegó la represión.
La represión. Relata que lo asaltaron, dispararon y sometieron a torturas cada día.
“Pastor Coronel tenía un baño frente a su oficina y ahí en ese baño me tenían esposado, goteaba la sangre de mi cabeza hacia mi cara y así por lo menos podía beber mi sangre”. Estuvo en esas condiciones de abril a julio, con las manos atadas y engrillado con un grillete de hierro pesado hasta el 15 de julio.
“Cada noche me llevaban a torturar con picana eléctrica me llevaban, me torturaban con arreador. Tenían un teju ruguái que se llaman Constitución y esa Constitución tenía tres bolitas de plomo, y con cada golpe se rompía la piel y la carne y llegaba hasta el hueso; después te llevaban a la piscina a ahogarte. Eso hacían todo el día”.
Testigo. Constantino pide hacer un paréntesis para mencionar que muchas veces, en Investigaciones se vio a los hermanos Villalba y a otros cuando les bajaban de la jaula de hierro en la que les tenían ahí en investigaciones. “Cuando bajaban caminando ahí podías palpar bien su espinazo, su costilla”, rememora.
Recuerda asimismo que estando ya él en la cárcel de presos políticos de Emboscada, le comentó la doctora Gladys de Sanneman que cuando la trasladaron ellos seguía ahí “con su poncho sobre su lomo, esa fue la última noticia que tuvimos de estas personas que son grandes héroes que lucharon en defensa del pueblo paraguayo”. Según la Comisión Verdad y Justicia, los hermanos Benjamín y Rodolfo Ramírez Villalba fueron secuestrados por las fuerzas de seguridad del régimen en noviembre de 1974, y que fueron llevados al Departamento de Investigaciones y de ahí trasladados a la ex Guardia de Seguridad, para luego nuevamente ser transferidos a Investigaciones donde quedaron incomunicados en una pequeña celda, atados y engrillados. Dicen los testigos que no había un centímetro del cuerpo de Rodolfo y Benjamín Ramírez Villalba libre de marcas de torturas. En la primavera de 1976 fueron vistos con vida por última vez y sus cuerpos nunca fueron encontrados hasta hoy.
Persecución. Después de Emboscada, después de 2 años y 15 días, Constantino salió en libertad, pero la persecución continuó. Con ayuda de Carmen de Lara Castro llegó a Washington, donde a su vez recibió el apoyo de Joel Filártiga y de Amnistía Internacional. Retornó en los 90 al país.
“Cinco años de cárcel, 15 de persecución, 10 años de exilio. Esa es mi historia”.
Fuente: Diario Última Hora

