Por Verónica Serafini Geoghegan
El discurso vende a Paraguay como un país exitoso económicamente por su elevado crecimiento del producto interno bruto (PIB), su energía barata, sus bajas tasas impositivas y, recientemente, por sus dos calificaciones de grado de inversión.
Políticos, economistas, analistas de todo tipo e influencers nacionales y extranjeros festejan y convocan a vivir en Paraguay para disfrutar las bondades de la vida en nuestro país. Algunos hasta organizan fiestas, criticadas en las redes por su dudosa moralidad, para exponer la faceta hospitalaria, extrovertida y multicultural de la población.
Frente a ello, quienes conocen las estadísticas nacionales y la gran mayoría de la población se permite dudar. La pregunta es si las aspiraciones se limitan a indicadores tan básicos como el PIB o la reducción de la pobreza, tal como la escuela neoclásica impulsa dado que espera solo eficiencia económica y por esa vía un derrame automático, o estamos ante un nivel crítico de deshumanización en el que se perdieron valores y principios que sustentan el contrato social cuyo objetivo es, entre otros, el bien común.
Buscando superar las limitaciones de los indicadores centrados en la producción y los ingresos como el PIB o la tasa de pobreza monetaria, desde hace más de 8 décadas se discuten y elaboran nuevos marcos conceptuales, metodologías y métricas.
El siguiente gráfico presenta tres indicadores de desarrollo asumiendo que para evaluar los avances en los países es necesario un conjunto de logros. El índice de Desarrollo Humano fue creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Índice de Prosperidad del Prosperity Institute y el Índice de Progreso Social de la iniciativa The Social Progress Imperative.

Los tres índices se construyen a partir de variables que integran dimensiones económicas como el ingreso y dimensiones sociales como los años de vida promedio, el nivel educativo, el acceso a salud. En dos de ellos también se incorporan la calidad del entorno empresarial por su impacto en la producción y el empleo y la vigencia de libertades políticas.
Estos índices buscan, en definitiva, sintetizar la integralidad de las dimensiones que hacen al bienestar de las personas. Como se puede ver a continuación, en los tres índices Paraguay se encuentra en el grupo de menor desarrollo, mas cerca de los países centroamericanos que de los países del Cono Sur.
Paraguay en los índices de desarrollo
Los tres índices nos señalan el enorme desafío que tenemos para acercarnos a los países mejor posicionados, y esto a pesar del crecimiento económico y de una larga historia de estabilidad macroeconómica.
Los índices de desarrollo pueden considerarse complejos por la cantidad de variables que incorporan. Por eso, también es posible analizar la realidad del país utilizando indicadores que reflejan efectos directos en la vida de las personas como el caso de la mortalidad infantil y mortalidad materna.
En 2023, la tasa de mortalidad era de 13,0 (por cada 1.000 nacidos vivos) casi el doble que nuestro país vecino Uruguay (7,3). En este indicador tenemos 20 años de atraso con respecto a Uruguay. Para este mismo año, la razón de mortalidad materna en Paraguay era de 84,4 (por cada 100.000 nacidos vivos), mientras que en Uruguay era de 19,1. El atraso es de más de 30 años, ya que Uruguay en 1995 ya había reducido este indicador a 22,9. ¿Qué podría ser mejor que quien nace o se embarace en Paraguay pueda vivir?
Paraguay necesita aumentar sus aspiraciones. La evaluación del éxito de un país debe poner el foco en las personas, lo que claramente no lo hacen ni el PIB ni el grado de inversión.
Fuente: Diario Última Hora

