Un diagnóstico realizado por Decidamos en los distritos de La Colmena y Gral. Bernardino Caballero analiza los desafíos y oportunidades de las juventudes rurales, proponiendo rutas para fortalecer su permanencia en el territorio mediante políticas públicas y fortalecimiento organizativo.
En un contexto marcado por el cambio climático, la presión inmobiliaria y la migración juvenil, un estudio cualitativo se adentró en la realidad de comités y comunidades campesinas de los distritos de General Bernardino Caballero y La Colmena, en el departamento de Paraguarí. La investigación, realizada por Decidamos, buscó comprender los factores que influyen en el arraigo o la migración de las juventudes, especialmente aquellas vinculadas a organizaciones que transitan hacia modelos agroecológicos.
El estudio identificó que, si bien existen políticas de protección social, persiste una ausencia de estrategias integrales del Estado para abordar las causas estructurales del desarraigo. Las iniciativas locales suelen ser esporádicas y clientelares, lo que debilita su impacto. En este escenario, la pertenencia a comités campesinos surge como un factor protector clave, facilitando el acceso a oportunidades y fortaleciendo la organización comunitaria. Sin embargo, estos grupos enfrentan el reto de renovar su liderazgo y lograr una participación juvenil sostenida.
Entre los hallazgos principales se destaca que la migración muchas veces no es una elección, sino una falta de alternativas concretas en el territorio. Frente a esto, emergen claros deseos de permanencia, especialmente cuando los jóvenes encuentran espacios organizativos vivos, formación contextualizada y proyectos productivos comunitarios, como huertas agroecológicas o cría de animales
El estudio también subraya temas urgentes y poco atendidos, como la salud mental de adolescentes y jóvenes, la crianza libre de violencias, y la necesidad de una educación sexual integral con perspectiva de género adaptada al medio rural. La investigación apunta a que las escuelas y los comités pueden ser espacios vitales de escucha y contención, pero requieren mayor apoyo.
Como camino a seguir, el estudio plantea recomendaciones centradas en:
• Fortalecer el puente intergeneracional para asegurar el recambio en las fincas y organizaciones.
• Articular de manera estable las iniciativas comunitarias con políticas públicas de compras locales, asistencia técnica y apoyo a transiciones agroecológicas.
• Desarrollar capacidades en los comités para la incidencia política, permitiéndoles traducir sus demandas en propuestas concretas ante el Estado.
• Profundizar en las experiencias existentes que ya promueven el arraigo, como la formación técnica vinculada al territorio y los proyectos productivos colectivos.
La conclusión es clara: garantizar el derecho a no migrar y construir un futuro para las juventudes rurales requiere pasar de apoyos puntuales a una estrategia integral que combine fortalecimiento organizativo, políticas públicas de largo aliento y un diálogo intergeneracional que valore los saberes locales y aspire a un desarrollo territorial inclusivo y resiliente.

