En el corazón de Paraguarí, la historia de Viviana Villalba Martínez y el Comité Ñepytvo es un testimonio vivo de que la tierra, más que un recurso, es un vínculo que fortalece comunidades y construye futuro.
Todo comenzó en febrero de 2021, en plena pandemia. «Era una situación un poco difícil, pero no imposible», recuerda Viviana. Fue en ese contexto donde 19 familias decidieron unirse, organizarse y dar vida a un proyecto que hoy florece: la creación de huertas, la instalación de un gallinero y el trabajo colectivo que fortaleció no solo la producción, sino los lazos del comité.
Para Viviana, la clave del camino recorrido reside en la constancia y la unión. «Ser constante, estamos más unidos», afirma. Este espíritu se vio potenciado por los talleres de formación que recibieron, los cuales se convirtieron en una herramienta fundamental.
«Aprendimos muchísimo de los talleres, a prendimos a preparar fertilizantes, manejo del suelo y muchísimas cosas que yo particularmente pongo en práctica y me sale bastante bien. El comité se fortaleció gracias a esto; somos más unidos y podemos sobrellevar bastante las cosas», destaca.
El saber agroecológico: soberanía y salud
El aprendizaje se tradujo en prácticas concretas y sostenibles que hoy definen su producción:
- Manejo del suelo y fertilizantes naturales: Aprendieron a preparar sus propios abonos orgánicos, como el bokashi.
- Control pertinente de hortalizas: Implementan técnicas para el cuidado de sus cultivos sin depender de químicos.
- Resultados tangibles: Viviana comparte su experiencia con la mandioca: «Probamos el año pasado… Todo lo que pusimos, abono orgánico, fertilizamos, y eso produjo bastante. De una planta salía como siete o 8 kg«. En contraste, las plantas no tratadas con estos métodos eran más vulnerables a plagas.
Un futuro compartido: del gallinero al emprendimiento
La visión de Viviana y el comité es ambiciosa. Miran hacia adelante con el sueño de tener un local propio y un emprendimiento consolidado. «¿Por qué no ver de aquí a 5 a 10 años en nuestro local propio tener ya un emprendimiento fijo? Por ejemplo, la gallinería. Es un proyecto que vamos a ir avanzando, producir pollito, gallina y huevo«, proyecta con esperanza.

Para Viviana, la agroecología trasciende una técnica; es una elección consciente por la salud y la vida. «Funciona bastante bien y para mí es una de las mejores [prácticas] que uno puede llevar… No compramos químicos para poner en nuestro alimento«, explica.
Y añade con convicción: «Poner veneno químico en nuestra planta es como envenenarnos nosotros mismos otra vez, porque se lleva para el consumo diario. La hortaliza se consume diariamente y eso perjudica la salud».
La historia de Viviana y el Comité Ñepyvo es un faro que ilumina el poder de la organización comunitaria. Refleja que cultivar la tierra con cuidado y cooperación cultiva también relaciones más sólidas y un futuro más saludable.
Este esfuerzo es posible gracias al proyecto “Producción Agroecológica, Promoción de la Protección del Medio Ambiente y Creación de Redes de Familias de Pequeños Agricultores en el Departamento de Paraguarí”, implementado por Decidamos con el apoyo de Adveniat y CCFD-Terre Solidaire. El proyecto busca contribuir a la mitigación del cambio climático y a la reducción de la inseguridad alimentaria y nutricional de familias rurales vulnerables de la zona.















