Por Ruth Benítez Díaz
La socióloga y política chilena Marcela Ríos Tobar* considera que Paraguay es una excepción en América Latina porque casi no ha tenido alternancia en los últimos años. Sobre las tensiones en el mundo, analiza que las derechas radicales están dominando a nivel global y que, por otro lado, preocupa el deterioro del multilateralismo y la escalada armamentista. En cuanto a la región, la directora de IDEA Internacional considera importante fortalecer los sistemas electorales contra el crimen organizado que financia campañas.
– ¿Cuáles son las preocupaciones en cuanto al estado de las democracias en la región luego de los cambios de gobierno, de izquierda a derecha, en gran parte de los países, como en Argentina, Chile, Bolivia, y la situación en Venezuela?
– En América Latina, en las últimas dos décadas, lo que ha imperado es la alternancia. Los ciudadanos y las ciudadanas tienden a votar por las oposiciones, es muy común que si la derecha está gobernando, gane la izquierda; si la izquierda está gobernando, gane la derecha, esa ha sido la tónica en la mayoría de los países. Hay algunas excepciones, como Paraguay, también México, donde el año pasado hubo elecciones y hubo continuidad en el gobierno de Morena, un cambio de persona, pero sigue el mismo partido. También hay continuidad en República Dominicana. Pero en la mayoría hubo alternancia, como en Honduras o Chile. América Latina, más que ser un polo ideológico –que en un momento los ciudadanos son todos de izquierda y en otro, de derecha–, a veces el descontento con la falta de resultados de los gobiernos, hace que las personas busquen votar por quienes están en la oposición. No obstante, estamos en un momento global donde están fortaleciéndose las derechas y, en particular, las derechas más extremas, porque también pierden terreno las derechas tradicionales. Eso pasó en Argentina, Chile, está pasando también en Europa (España, Francia). Las derechas tradicionales más moderadas, más liberales, están perdiendo terreno y están ganando proyectos políticos de derecha más radical, de nuevas derechas, que tienen nuevos enfoques y agenda. La democracia asegura competencia; cuando funciona bien, tiene que asegurar la alternancia.
– Paraguay es actualmente el único país sin alternancia en América Latina.
– El caso de Paraguay es como una anomalía en la región, quizás la única otra situación similar había sido la de México en el pasado, que tuvo 70 años al PRI en el gobierno, pero después hubo alternancia. Entonces, Paraguay es un país que ha tenido solo un gobierno que no era del Partido Colorado, eso es una excepción. La regla en América Latina es que hemos tenido mucha rotación. También es una excepción que ha tenido mucha más estabilidad en su sistema de partidos. Tenemos muchos países donde los partidos desaparecen o se crean nuevos, hay mucha fragmentación del sistema de partidos, o sea, una gran cantidad de partidos compitiendo. La elección de este año en Perú tendrá 36 candidatos presidenciales y quizás es el ejemplo más patente, también en Costa Rica, Chile; en Ecuador tenemos alta fragmentación y mucha más rotación de partidos. Que no haya alternancia no es necesariamente malo si está acompañado de un sistema electoral que les dé garantía a todos los sectores, con un órgano fuerte, con la posibilidad de asegurar transparencia en el proceso y en ese sentido es importante seguir trabajando para tener un sistema electoral que deje tranquilos a los ciudadanos y partidos.
– Ante este cambio del orden mundial y las tensiones en el mundo, ¿podemos decir que las elecciones representan realmente la voluntad popular?
– La democracia no es solo elecciones, pero las elecciones son imprescindibles para tener un sistema democrático, una democracia representativa. Entonces sí vemos que las transformaciones en el mundo están mostrando que es muy necesario que la democracia llegue a mecanismos de participación, representación y deliberación más allá de las elecciones; no basta hoy día con votar cada cuatro o cinco años, porque pasan muchas cosas entremedio, porque se toman muchas decisiones por las instituciones públicas. Entonces, nuestro llamado también es a pensar en nuevas dinámicas democráticas. Un mecanismo de participación, de escucha, plebiscitos, mecanismos de democracia directa, cabildos, consejos asesores, consultas a la sociedad civil, mecanismos de representación equilibrada para las mujeres, para los pueblos indígenas, todo eso permite que la democracia incorpore de mejor forma las demandas de los ciudadanos comunes y corrientes.
– La reactivación de la Doctrina Monroe, el enfoque de militarización que viene desde Estados Unidos, ¿pueden afectar las democracias y los sistemas electorales?
– Sí, el deterioro del multilateralismo redunda en un deterioro de las democracias. Nosotros somos un organismo multilateral internacional, compuesto por estados miembros y, por supuesto, nuestro llamado es a seguir protegiendo, respetando el derecho internacional, las normas que nos hemos puesto entre todos los países para resolver los conflictos, primero a través de la diplomacia, de la negociación, de la conversación y también en los foros multilaterales. Muy importante que se tomen en cuenta todas las opiniones para tomar decisiones. Vemos con preocupación la escalada armamentista, de guerras, estamos viviendo el momento de la historia con mayor cantidad de guerras desde la Segunda Guerra Mundial. Eso es muy preocupante porque hoy día el tipo de armamento que tienen a disposición los países es muchísimo más letal de lo que existía hace 81 años, y por lo tanto el potencial de pérdidas de vida es enorme. Nuestro llamado es que sigamos cuidando la diplomacia, la negociación, los espacios multilaterales y que los países respeten el derecho internacional. Tenemos normas internacionales, tenemos mecanismos para resolver conflictos, existen órganos como la Corte Internacional Penal, existen tratados bilaterales, tratados multilaterales con mediaciones que nos pueden servir para resolver conflictos.
– ¿Cómo se combate la corrupción en los sistemas electorales dentro de nuestro contexto?
– Esa es una agenda múltiple. Un ejemplo es evitar el financiamiento ilegal de la política. Nos importa prevenir, que el crimen organizado esté financiando campañas, candidaturas. Por eso necesitamos mecanismos muy robustos de fiscalización del gasto electoral, de poder dar seguimiento al origen del dinero en política, los financistas, de dónde vienen los recursos, que los órganos electorales trabajen con otros órganos públicos e internacionales para perseguir la intervención del crimen en la política. Por otra parte, todos los sistemas de transparencia, de conteo, de fiscalización, son muy importantes; que los partidos políticos y la sociedad civil puedan participar activamente, estar informados, informar a los ciudadanos todo lo que implique aumentar la transparencia ayuda a disminuir la corrupción o la mala utilización de los sistemas electorales. Ahí también decimos rendición de cuentas, transparencia, participación de la sociedad civil y de la comunidad política en todos los procesos del Estado.
– ¿Se pueden proponer solo esos mecanismos mientras en nuestros países hay desigualdades económicas y grupos de poder que tienen mucha más influencia que una ley?
– No. No puedes separar los niveles de desigualdad de una sociedad con la calidad de la democracia. Una sociedad que es extremadamente desigual, donde las personas no tienen la misma voz, donde no tienen la misma capacidad de incidir, no va a ser igual de democrática que una sociedad donde hay mayor igualdad, donde podemos tener acceso a informarnos, a expresar nuestra opinión; donde los medios de comunicación son plurales y pueden representar las voces de todos los sectores; donde está controlada la incidencia del dinero en la política y entonces se genera un equilibrio. Para eso lo esencial sí son las normas, las leyes importan, por supuesto, pero también importa la capacidad de las instituciones del Estado para servir de contrapeso. Las instituciones del Estado tienen un rol de asegurar, por ejemplo, la justicia, cuando una persona siente que sus derechos han sido vulnerados, tiene que existir una justicia que pueda también ayudar a ajustar el desequilibrio de poder que puede existir en la sociedad. Y el mismo rol tienen que cumplir los órganos electorales, porque efectivamente los órganos electorales tienen que asegurar que la cancha de competencia esté equilibrada. Entonces, tenemos que seguir trabajando para fortalecer a las instituciones del Estado y para generar mecanismos reales y efectivos de contrapeso de la desigualdad. El financiamiento público, por ejemplo, bien controlado, es una forma de disminuir los niveles de desigualdad. Porque en la medida que tú tienes financiamiento público para que personas pobres o que no tienen los recursos propios, por ejemplo, para pagar una campaña, puedan competir, tú estás disminuyendo la brecha entre las élites y los sectores populares, pero también entre hombres y mujeres. Las mujeres históricamente hemos tenido menores ingresos, menores accesos a la propiedad, a altos cargos y, por lo tanto, el tener financiamiento público es muy importante para que las mujeres puedan competir en mejores condiciones o en condiciones un poquito más equilibradas que los hombres. Entonces, todas esas medidas contribuyen a mejorar la competencia. Que ninguna de esas medidas se trata de asegurar por secretaría que las personas lleguen a los cargos, pero sí permite que en sus sociedades, que son extremadamente desiguales, haya menos desigualdad en la política y que distintas voces puedan tener una opinión a la hora de tomar decisiones.
“Las derechas tradicionales más moderadas, más liberales, están perdiendo terreno y están ganando proyectos de derecha radical”.
“Hay que prevenir que el crimen organizado financie candidaturas. Por eso se necesita un mecanismo robusto de control”.
“El deterioro del multilateralismo redunda en un deterioro de las democracias. Hay una escalada de guerras. Marcela Ríos Tobar, socióloga y política”.
* Marcela Ríos Tobar. Es socióloga, politóloga y política. Se desempeña como directora para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional. Fue ministra de Justicia y Derechos Humanos de Chile entre marzo de 2022 y enero de 2023. También fue parte de PNUD, entre otros.
Fuente: Diario Última Hora

